Nani Roma y el rugido del rally en el corazón de MADRING
El asfalto de un Gran Premio de Fórmula 1 impone su propia liturgia: sesiones milimétricamente programadas sobre un asfalto impoluto, silencios tensos en los boxes y ráfagas de monoplazas buscando arañar una décima de segundo más al crono. Pero este fin de semana, en el flamante circuito de MADRING, Ford levantó una auténtica polvareda en su Fan Zone.
Durante tres días ininterrumpidos, la Fan Zone de Ford convirtió la tierra, el polvo y el olor a gasolina en una fiesta sin pausas. Y en el epicentro de ese torbellino de más de 7.000 metros cuadrados emergió una figura incontestable: Nani Roma.
Al volante del Ford Raptor T1+, Nani voló, derrapó y acercó la bestia del Dakar a miles de gargantas. Pero la auténtica dimensión del bicampeón se vio cuando se apagaban los motores. Con el mono lleno de polvo y una sonrisa perenne, Nani no solo cumplía el sueño de los aficionados y creadores que se subían de copilotos, también pisaba el barro con los operarios de pista, asesorando sobre el grado exacto de riego y ayudando en el mantenimiento del circuito de tierra para que todo fuera seguro y espectacular.
«Yo creo que esto ya es deformación profesional», confiesa Nani con su humildad habitual. «Al final intentamos aportar siempre nuestra experiencia al equipo. Yo vengo de la moto, y ahí tienes que estar muy encima de todos los detalles, sobre todo gestionando el riesgo. La experiencia no se compra: se adquiere con los años y aprendiendo, especialmente de los errores. Se trataba de sumar nuestro granito de arena para que todo saliese lo mejor posible».
Una de las claves de la experiencia fue acercar vehículos de competición como el Raptor T1+ a los aficionados, tal y como el propio Nani celebra: «imaginaos lo que supone poder acercar nuestro coche, que siempre está en mitad del desierto, a la gente que viene a la Fórmula 1. La gente lo disfrutó al máximo, y la mejor prueba es que, incluso con monoplazas rodando en la pista del circuito, en cuanto arrancábamos el Raptor la zona se llenaba. Fue muy divertido».
Subir de copiloto en un coche concebido para devorar dunas es un privilegio reservado a unos pocos elegidos, y los afortunados bajaban del habitáculo transformados.
«Creo que todos se bajaron encantados», relata el piloto catalán. « La gente no se imagina lo que este coche es capaz de hacer hasta que vive el primer derrape o el primer salto: el sonido, el cambio de marchas, la frenada, la aceleración… Normalmente conducimos por carretera, donde nunca sientes que el coche derrape o pierda tracción; y aquí es justo lo contrario, vas todo el rato cruzado y buscando el límite de agarre de los neumáticos. Todos los que subieron —y subimos a bastantes personas— lo disfrutaron muchísimo. Pudieron ver qué se siente en el cockpit permite entender lo que vive un copiloto durante horas en el desierto».
Preguntado sobre qué máquina elegiría si le diesen la pista principal de MADRING para él solo, Nani sonríe y deja clara su devoción por el motor en todas sus vertientes. Reconoce que le fascinaría probar un Fórmula 1 —«aunque por desgracia no va a pasar porque, por mi altura, directamente no quepo dentro»— y señala al imponente Mustang GTD como el bólido perfecto para el asfalto madrileño. Aunque no tarda en dejar volar su espíritu dakariano: «Sería divertidísimo rodar por el circuito con el Raptor y hacer unos cuantos donuts ante el público. No sé si nos dejarían, pero sería increíble ver un coche del Dakar en mitad del circuito de Madrid».
Cuando el eco de los motores se apaga y llega la hora del balance, MADRING demostró que el automovilismo de élite puede ser majestuoso sobre el asfalto y apasionadamente cercano en la tierra. Para Nani Roma, la estampa imborrable de estos tres días resume a la perfección el espíritu de Ford:
«Me quedo con la imagen de ver el Raptor dando vueltas con las gradas a reventar; no cabía nadie más. La Fórmula 1 es una disciplina fascinante donde todo queda muy lejos y cuesta acercarse a las máquinas o a los pilotos; en cambio, aquí Ford ha puesto los coches y los pilotos al alcance de la mano de la gente. Ver esa expectación desde arriba fue sencillamente maravilloso».
Como broche final, Nani nos deja un deseo que todos los amantes de la competición compartimos: «a ver si en un futuro conseguimos tener dos grandes premios en España, uno en Barcelona y otro en Madrid, porque esto ha sido muy positivo».
FuenteFromTheRoadFord
