No todo lo que ocupa tu mente merece quedarse ahí
Coach de Relaciones Humanas ACC-ICF, autora de AMARYLLA: El Arte de Volver a Amarte y vocera de la campaña Life’s Good de LG Electronics Panamá
Antes de continuar leyendo, quiero proponerte una pausa. Respira y pregúntate: ¿Qué estaba pensando justo antes de llegar a esta columna?
Tal vez recordabas un mensaje que no has respondido, una tarea pendiente o una conversación que todavía repasas en tu cabeza. Quizás estabas intentando descansar mientras organizabas mentalmente todo lo que debes hacer mañana. Ahora hazte otra pregunta: de todo esto, ¿Qué necesita realmente tu atención en este momento?
Muchas veces no estamos cansados únicamente por lo que hicimos durante el día, sino por todo lo que continuamos sosteniendo en la mente. Pendientes, decisiones, preocupaciones y expectativas permanecen activos incluso cuando nuestro cuerpo intenta detenerse.
La mente se convierte en una habitación en la que varias voces hablan al mismo tiempo. Todas parecen importantes y nosotros tratamos de escucharlas, como si olvidar una sola pudiera hacer que todo se desordenara. Sin embargo, no todo pensamiento merece convertirse en una tarea, no toda preocupación necesita una respuesta inmediata y no todo lo que podemos resolver nos corresponde resolverlo.
En un proceso no siempre comenzamos preguntando qué más necesita hacer una persona. En ocasiones, la pregunta más importante es otra: ¿Qué podrías dejar de cargar? Y de todo lo que cargas, ¿Qué te corresponde realmente a ti y qué pertenece al sistema del que formas parte?
Te propongo un ejercicio sencillo. Escribe todo lo que está ocupando tu mente. No intentes organizarlo mientras escribes; simplemente sácalo de tu cabeza y colócalo frente a ti. Después, revisa cada punto y pregúntate si necesita atención hoy, si puedes decidir cuándo retomarlo, si es posible compartirlo con alguien, a quién le corresponde realmente o si continúas cargándolo únicamente porque te cuesta soltarlo.
Estas preguntas no eliminan nuestras responsabilidades, pero transforman la manera en que nos relacionamos con ellas. Cuando un pendiente tiene un lugar y un momento definidos, la mente ya no necesita recordarlo constantemente. Lo que agota no siempre es la tarea; muchas veces es no haber decidido qué hacer con ella. También puede ayudarnos observar cómo se distribuyen las responsabilidades en los sistemas de los que formamos parte y qué patrones hemos sostenido casi sin darnos cuenta.
Crear una rutina para las mañanas, establecer un horario para responder mensajes o permitir que los productos del hogar cumplan su función sin supervisarlos constantemente parecen cambios pequeños, pero cada ajuste que evitamos representa una interrupción menos.
Hoy contamos con herramientas capaces de adaptarse mejor a nuestras rutinas, desde equipos que simplifican determinadas labores de la casa hasta una televisión que nos ayuda a encontrar lo que queremos disfrutar. Esa forma más humana de acompañarnos tiene valor cuando permanece en segundo plano y nos permite regresar al presente.
Sin embargo, ninguna herramienta puede decidir por nosotros qué debemos soltar. Tampoco puede establecer nuestros límites, pedir ayuda o concedernos permiso para descansar. Esa parte continúa siendo nuestra.
Por eso, Free Up Your Mind no significa dejar la mente en blanco. Significa dejar de tratar cada pensamiento como una instrucción que debemos obedecer. También es reconocer que no tenemos que ocuparnos personalmente de todo y que podemos apoyarnos en la tecnología para resolver algunas tareas cotidianas. Así liberamos espacio mental para recordar algo sin sentir que debemos hacerlo de inmediato, preocuparnos sin construir una sucesión interminable de escenarios y reconocer que algo nos importa sin permitir que ocupe toda nuestra atención.
Como autora de AMARYLLA, El Arte de Volver a Amarte, he reflexionado sobre lo que significa regresar a nosotros mismos. Volver no siempre requiere alejarnos de la vida que tenemos. A veces comienza cuando retiramos parte del ruido que nos impide escucharnos.
Antes de terminar, pregúntate nuevamente qué está ocupando tu mente. Elige una sola cosa y decide si debes atenderla, agendarla, compartirla o soltarla. No intentes reorganizar tu vida completa. Crea apenas un poco de espacio.
Para mí, allí vive el verdadero sentido de Life’s Good: no en una vida sin responsabilidades, sino en una vida en la que todavía podemos reconocer lo bueno mientras está sucediendo.
Por Pilly Rodríguez Salcedo
